La Universidad Desconocida

Tengo en mis manos La Universidad Desconocida, libro póstumo (nombre de gladiador romano) de Bolaño. Será un tótem para los fans de Bolaño. Ahí está la historia personal de Bolaño, los ecos a todo lo que después haría como novelista. Porque lo de acá son versos, poemas, recortes, apuntes. Es un libro subrayable.

LETRAS LIBRES /  (De click para agrandar) 

Sin respirar. Así se lee este libro. Dos joyas (teniendo en mente la precaución de Fresán de leerlo sólo por placer y no como manual para ser Bolaño):

MI CARRERA LITERARIA (1993)

Rechazos de Anagrama, Grijalbo, Planeta, con toda seguridad
también de Alfaguara, Mondadori. Un no de Muchnik,
Seix Barral, Destino… Todas las editoriales… Todos los
        lectores…
Todos los gerentes de ventas…
Bajo el puente, mientras llueve, una oportunidad de oro
para verme a mí mismo:
como una culebra en el Polo Norte, pero escribiendo.
Escribiendo poesía en el país de los imbéciles.
Escribiendo con mi hijo en las rodillas.
Escribiendo hasta que cae la noche
con un estruendo de los mil demonios
Los demonios que han de llevarme al infierno
pero escribiendo.

octubre de 1990

Y acá otro más:

Duerme abismo mío, los reflejos dirán
que el descompromiso es total
pero tú hasta en sueños dices que todos
estamos comprometidos que todos
merecemos salvarnos

Aquí está, pues, el Bolaño poeta, tan desconocido para los nuevos lectores. Aquellos que lo conocimos como una revelación en los Detectives y luego fuimos a Nocturno de Chile y leímos con nostalgia, emoción, rabia 2666. En estos recortes está la parte más íntima de Bolaño. En estos poemas están los textos esos que nunca conocimos luego de leer los Detectives. Aquí está Roberto Bolaño. Muerto. Y vivo, como sólo la literatura lo puede.

Y, para que no se me acuse de plagio, cito algo que escribió Fresán en Letras Libres de junio:

Otra cosa muy distinta es el totémico La Universidad Desconocida, que se presenta como una suerte de companion postinfrarrealista, hasta ahora escondido, o de siamés invisible para el visceralismo real de Los detectives salvajes.

La Universidad Desconocida no es nada más que el libro más autobiográfico de Bolaño -alguien que se sentía poeta por encima de todo, y en el que la línea que separa los géneros se cruza una y otra vez, como se cruzan las fronteras en sus dos novelas más voluminosas unidas por la membrana indestructible de lo epifánico-, sino, también, una Divina Tragicomedia. Una suerte de íntimo Manual Para Ser Bolaño de uso limitado y de autoayuda sólo para él mismo, pero sin embargo perfecto para que sus lectores puedan rastrear los muchos y largos viajes de su inspiración. Un tractat -de ahí que este libro, además de trascendente, sea peligroso por su potencia radiactiva a la hora de tentar con reproducir un estilo inimitable que, de intentárselo, me temo que resultaría en torpe parodia- al que incautos o irresponsables tal vez interpretarán, más que equivocadamente, como un promiscuo y apto para todo público Manual Para Ser Como Bolaño rebosante de eslóganes y mandamientos y pasos por seguir y calcar por fans adictos compulsivos. Después de todo, Bolaño trabaja aquí con los lugares comunes y los clichés de la bohemia pero -en esto reside el valor y el genio del libro- convirtiéndolos en algo indivisible y suyo. Quienes se limiten a disfrutarlo sin intenciones epigonales encontrarán algo mejor que el mapa del tesoro: el tesoro mismo. Casi quinientas páginas monologantes, veloces, tan subrayables y, sí, descarada y noblemente románticas, que se leen y se viajan hasta experimentar esa rara forma del desfallecimiento que sólo se vive luego de la más plena y satisfecha de las felicidades. Páginas ya conocidas de Los perros románticos, Tres, Amberes -y otras más oscuras publicadas en antologías y revistas- encuentran aquí su sitio exacto y su posición precisa como piezas de un puzzle que ahora, por completo, no sacrifica nada de su misterio, sino que lo potencia.

La Universidad Desconocida -tal vez éste sea el mejor elogio posible a este libro alma mater- se lee con el mismo asombro extático y pasmo eufórico con que alguna vez se leyó Moby Dick: otro libro raro y polimorfo y leviatánico, que no se sabe exactamente a qué especie pertenece, y que se las arregla para confundir y fundir el plan de su autor con el plano del universo.

“Mi poesía y mi prosa son dos primas hermanas que se llevan bien. Mi poesía es platónica, mi prosa es aristotélica. Ambas abominan de lo dionisíaco, ambas saben que lo dionisíaco ha triunfado”, delimitó Bolaño en otra entrevista. Ahora, en estos dos libros, el samurái romántico, que se cree invicto, para darse valor vuelve a desenvainar su espada y, póstumo, presenta combate. Y, aunque Bolaño asegurara que la guerra contra “el monstruo” está perdida de antemano, nada nos impide festejar -una vez más, mientras nos queden vida y viaje- el destino triunfal de estas románticas batallas.



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