Hoy coincidieron las columnas de Raúl Trejo y de Ciro Gómez Leyva en su tema. Se trata de la caída libre en la popularidad de la llamada pareja presidencial. En México parece existir un canibalismo político que, aunque diferente en sus formas, sigue vivo desde Madero y hasta la fecha. Los “quinazos” se renuevan cada sexenio. El de Salinas fue La Quina, el de Zedillo fue Raúl Salinas, el de Fox… el señor no lo necesitaba. Los de Calderón serían ¡Fox y Martita! Creo que se lo ganaron a pulso. A la esposa del ex presidente le aquejaba una soberbia que, trepadora, llevó al desorden del último año. A Fox, según la vox populi, le aquejaba la estupidez. Desde ese frenético 2006 se perfiliba ya el mito “Martita”. Digo mito porque al fin y al cabo la señora ganó un juicio contra Olga Wornat. Ahora el mito parece hacerse realidad. Lo peor es que ahora hasta Fox parece salpicado. Nos dicen que él y ella son uno sólo. Que defender a uno y no o a otro es una falacia. El amor y la soberbia han vencido al ranchero bonachón al que los mexicanos le perdonaban su ingenuidad a cambio de su honorabilidad. Dice Ciro: van en camino en convertirse en vulgares rateros. Porque Fox, según la terca percepción popular, dejará de ser el presidente tonto para pasar al salón de los ladrones. Tonto, ladrón y mandilón. Y quiten eso de la mente del común de la gente. ¿Quién será el villano en el próximo sexenio? ¿Mouriño? Los tiempos políticos se acortan.

Los Fox en tiempos felices

