Calderón dice: “Quiero sumarme a un justo reclamo de miles y miles de ciudadanos, un justo reclamo de ciudadanos indignados de la delincuencia e impunidad han dicho basta”.
Marcelo Ebrard “pide a la ciudadanía que haga de agente de inteligencia para denunciar a los bárbaros que casi nos tienen cercados.”
Mouriño anuncia que “el gobierno federal “respalda y apoya” la marcha ciudadana convocada para el 30 de agosto próximo”.
Guillermo Ortiz Mayagoitia reconoce que “es claramente justificada la indignación de la sociedad al sentir amenazada tranquilidad y su seguridad personal y familiar”.
¿Cuáles son las palabras más usadas en estas declaraciones? Ciudadanos, indignación y justificación.
¿Quién lo declara? ¡Autoridades responsables de la seguridad! Es decir, ellos son responsables del cochinero en la seguridad pública que vivimos en este desdichado país.
A ver, digámoslo con todas sus palabras: ellos tienen la culpa de la indignación, del enojo, de la rabia de los ciudadanos que vemos atónitos cómo el azar criminal juega con nosotros cada día. ¡Y lo reconocen y no hacen nada!
Un ciudadano es asaltado frente a un policía armado. El ladrón huye. El ciudadano acusa al policía por no actuar. Le dice irresponsable, cobarde, inútil, corrupto. ¿Qué hace el policía? Le contesta: “tienes razón”. “Voy a protestar”, increpa el ciudadano. El policía dice: “qué bueno, yo te apoyo. Es más, yo te cuido en tu protesta”.
¿Qué sentir? ¿Enojo? ¿Impotencia? ¿Rabia? ¿Risa? Sí. Quien no ha aprendido a reírse de su miseria, no ha aprendido a vivir.
Y aquí seguimos, hambrientos de victoria, hambrientos de buenas noticias. Por eso, las dos atletas mexicanas, jovencísimas, hacen que todos los noticieros repitan hasta el hartazgo su triunfo, eso que en las calles de este país es sólo una palabra, una foto en los diarios que apenas alcanza para tapar las otras fotos, esas de decapitados, asesinados, asaltados, secuestrados, defraudados… esas que no vienen de Pekín sino de este país cada vez más rojo.

