Pues si es cierto que segundos antes de morir uno recuerda todo lo que ha vivido, ¿qué recordaría yo? La pregunta parece un tanto ociosa e incluso hasta inútil. Acaso imposible. Hoy mismo creo que vería cientos de rostros, de los que han pretendido hacerme mal (muy pocos) y de los que siempre han tenido una sonrisa y un gesto amable (los más). Ahí estarían rostros y nombres y de seguro que habría una sonrisa de complicidad con aquellos que han compartido pequeñas transgresiones a la cotidianeidad. Estoy seguro que cada día podría ser recordado como el día de una persona. Por supuesto, miles de días tendrían el mismo nombre: el día de mi madre se repetiría casi igual que el día de mi padre y el día de mi hermana. Y claro, el día de los amigos. En los últimos 2555 días, un nombre dominaría, omnipresente, catalizador: Esperanza. Y así.
También, de seguro, recordaría las millones de horas que la literatura me ha transportado fuera de este mundo inverosímil. ¿También se recordará en esa última hora el tiempo que uno duerme? Quizá algunos atardeceres, algunas mañanas, muchas noches, algo de cine, música, mucha música.
Sí: también las lágrimas que uno suelta por su cursilería, por dolor, por alegría. ¿Las ocasiones que uno llora por la risa, por la alegría que le causa estar a lado de un amigo? Seguro que sí.
Y lo espiritual: el Dios que ha estado ahí casi la mitad de mi vida. Siempre y nunca: palabras resbaladizas. Muerte y vida: lo concreto. La vida como juego, aburrido, sí, pero disfrutable. No exento de suspiros, resignaciones y entusiasmos.
Vaya pues desde este humilde espacio un saludo fraternal a los compañeros de ruta, los que sobreviven, los que se fueron, los que he olvidado por odiosa costumbre adquirida en algún momento de esta ruta. Los homenajeo en estos días aciagos.
Por cierto, hoy, 25 de agosto, cumplo un año más de vida.


Y no olvidemos las noches de ficha hasta las tres de la madrugada en la Obrera, las lecciones de Moi sobre el arte de llevar el volante, la peripecia con el poli gringo en Irving y el pintoresco pueblito donde se casaron Pera y tu. En fin, tante cose…
!Felicidades¡
E. R. Medina.
PD: Llegue a la conclusión de que es mejor tener dos mejores amigos que uno solo y que por lo tanto, dejo algo para ti en el blog.
Felicidades por tu cumpleaños.