El lado oscuro del transporte rosa

Nos dicen que somos la ciudad más progresista del país. La ciudad de México, esa entidad que legalmente no existe, la que también hacen llamar “ciudad en movimiento”. Presentan un programa de transporte público como si fuera lo más avanzado que jamás haya existido en este pedazo del planeta. Lo llaman “transporte rosa”. Y pregunto, ¿no es esto un monumento al fracaso como sociedad, a la renuncia de la autoridad como garante de los derechos de sus ciudadanos y al final, discriminación vil?

¿Cuál es la justificación de esto? Que varones, seres humanos del sexo masculino, al ver a una mujer, la ven libidinosamente, le tocan sus partes “pudendas”, que las molestan. Así es, lectores: los hombres en el D.F. son vistos como animales irracionales que ven senos y se excitan. Y como nadie les enseñó a controlarse, mejor separamos a las hembras. Esto es un fracaso como sociedad. No somos progresistas. Nos hemos quedado en la edad de piedra, cuando nos parecíamos más a los simios que a lo que se supone que es el homo sapiens sapiens. Es una renuncia de la sociedad a considerarse a sí misma como civilizada. En el metro van mujeres y simios.

Este programa rosa es la renuncia de la autoridad para garantizar los derechos de las mujeres. Fue lo mismo que hicieron cuando pretendían acabar con la corrupción en la expedición de licencias de manejo. Como no podían controlar a sus inspectores, se les ocurrió darlas a todos los que las solicitaban, sin examen de manejo, y, además, por término indefinido. Aquí, como es un lío controlar a los simios-machos que suben en el transporte público, como no hay un policía que pueda prevenir ni un fiscal que investigue ni un juez que castigue, mejor alejamos a los animales. Ustedes en este corral, ustedes en este otro. No saben convivir, se parecen a los peces beta.

El colmo para este escritor es que lo justifican como si fuera un trofeo al progresismo. ¿Qué de liberal tiene discriminar a los géneros? Porque, no me digan lo contrario, esto es discriminación. Existen hombres que creen en la igualdad, en el respeto y en la tolerancia. Existen ciudadanos que por más que tengan pene, no violarán a la primera “hembra” que vean. ¿Es muy difícil explicar esto? ¿No será minoría quien hace “tocamientos” a las mujeres en la vía pública? Pero ellos piensan que no. Y ellas también. Ellas son ángeles, mujeres, oh mujeres tan divinas, impolutas, que han sido sojuzgadas por milenios; es el siglo de ellas… ¡qué machista es esta medida! ¡Qué criterio tan cerrado de las autoridades! ¡Qué tufo hipócrita en separar machos de hembras! Yo (y conmigo millones de hombres) no tenemos la culpa de las hormonas descontroladas de otros. Pero agarran por igual.

En fin, si alguien tiene el escáner que descubre la mirada lujuriosa, el pensamiento sucio y las faltas a la moral, que lo venda al GDF para que castigue a los sucios simios-machos-hombres que usan el hermoso transporte de la capital.


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