Roger Waters en México. Apuntes al vuelo

Una vez que pasó la euforia de los tres conciertos de Roger Waters en la Ciudad de México, pero todavía con algo de ella, transcribamos algunos apuntes, en desorden.

  • Queda claro, por si alguien no lo entendía todavía, que The Dark Side of the Moon es el mejor disco de Pink Floyd; que Wish you were here y Animals son grandes (muy grandes) discos y que The Wall es la obra maestra del genio artístico que es Roger Waters concebida todavía dentro de Pink Floyd. No es casualidad que el bonito cartel de Waters tuviera las portadas de esos cuatro discos.

  • Porque Roger Waters vino a hacer una suerte de homenaje a su banda, al grupo con el que creció creativamente, con quien se hizo famoso, millonario e importante. Al hacer ese homenaje (que estaría completo con Gilmour y Mason, al menos), Waters vino a presentarnos una historia que sigue viva: la de Pink Floyd.

  • Todo confluyó para que su visita fuera un evento catártico: el humor social actual, tan lleno de repudio a la política; el contexto internacional con Trump como amenaza real, el absoluta descrédito de la clase gobernante en México, esa suerte de sentir que estamos si no cayendo en el precipicio, al menos sí en la orilla del mismo. Tenía que ser así.

  • El del Zócalo fue el mejor espectáculo musical, artístico y por momentos hasta político de los últimos 40 años. Ni cuando Café Tacvba tocó ahí ni cuando Shakira rompió los récords de asistencia se vivió lo mismo. Roger Waters instaló su monumental escenografía, su obsesión por los detalles en el sonido (¿notaron cómo se sentía el audio?), y sus letras (a veces raras, a veces llenas de rabia) de tal manera que estar ahí fue estremecedor. Pocos silencios como los de 200 mil personas escuchando, sólo eso, escuchando lo que salía por las bocinas. Y pocos gritos como los de “renuncia”, “fuera Peña” y el conteo del 1 al 43 como los de un Zócalo lleno hasta lo indecible.

  • Y la nostalgia, la emoción, el presentimiento de que, quizá, estábamos ante la última ocasión de escuchar en vivo un pedazo de historia cultural así de cerca. Porque Pink Floyd y Roger Waters son figuras mayores en el Olimpo del rock, porque 2016 se ha llevado a muchos genios, porque los años pasan y la posibilidad de ver juntos a los tres que quedan de Pink Floyd se reducen. Por eso y por los recuerdos y por el presente, casi con la cursilería de la que en el fondo está llena el rock, estuvimos ahí, con lágrimas y nudos en la garganta.

  • Y sí, ¡cuánto desearíamos que Roger y David cantaran juntos de nuevo! Para los más fans, cada canción de Pink Floyd les trae a la mente a los cuatro (¡perdón Syd Barret!), cada requinto de guitarra los comparamos a los de Gilmour, cada vez que suena Comfortably Numb uno no puede decir: how I wish you were here! Pero era lo que teníamos: Pink Floyd sigue vivo. Mucho. Sorprendentemente mucho.

Eso: esa música se escribió y grabó hace más de cuarenta años y suena tan, pero tan actual que asusta. Digo, Animals podría haberse compuesto ayer y hoy sería un hitazo. Sí, es clásico y un clásico siempre tiene algo que decir y no es que aparezcan de manera espontánea. La esperanza es que por ahí, quizá escondidos, estén los Pink Floyd del futuro, de nuestros hijos y nietos. Ojalá.

Duante Brain Damage y Eclipse, Roger Waters rinde homenaje a The Dark Side of the Moon.
Duante Brain Damage y Eclipse, Roger Waters rinde homenaje a The Dark Side of the Moon.